Back
Hacia años que no entraba una. Y no porque no fuera adicta en otra época, no porque no me encantaran. Simplemente, había perdido la costumbre. O tal vez tuviera demasiado dinero, o demasiado poco tiempo. O ambas cosas.
Ya no recordaba lo mucho que echaba de menos sus silencios. Ni sus miradas de reojo. Ni los pasos quedos por los pasillos. Ni tampoco las estanterías llenas de libros usados, con sus pequeñas signaturas en el lomo, pidiendo ver mundo, queriendo ser el escogido.
Pero hoy, cosas que tiene la vida, he vuelto. Y me ha acogido con los brazos abiertos. Sin ningún reproche. Ofreciendose abiertamente, como la última vez. Como si no hubiera pasado el tiempo. Como si no la hubiera abandonado.
Y he paseado, he mirado, he buscado, he revuelto y remirado. Me he puesto nerviosa. He dudado. Elegir es que me cuesta, como siempre. He cogido unos y dejado otros. Valorado cubiertas. Leído contraportadas. Mirado a los ojos a varios autores. Les he preguntado por sus intenciones. Me he interrogado a mi misma. He acabado buceando entre mis gustos, mis apetencias, el momento, mis ganas.
Y me he ido con con los brazos llenos y el corazón un poquito más alegre. Con unos cuantos libros en prestamos y un carnet que dice que puedo volver cuando quiera. Que debo volver antes de 15 días, más exactamente.
A donde siempre acabo volviendo, a la Biblioteca.
Ya no recordaba lo mucho que echaba de menos sus silencios. Ni sus miradas de reojo. Ni los pasos quedos por los pasillos. Ni tampoco las estanterías llenas de libros usados, con sus pequeñas signaturas en el lomo, pidiendo ver mundo, queriendo ser el escogido.
Pero hoy, cosas que tiene la vida, he vuelto. Y me ha acogido con los brazos abiertos. Sin ningún reproche. Ofreciendose abiertamente, como la última vez. Como si no hubiera pasado el tiempo. Como si no la hubiera abandonado.
Y he paseado, he mirado, he buscado, he revuelto y remirado. Me he puesto nerviosa. He dudado. Elegir es que me cuesta, como siempre. He cogido unos y dejado otros. Valorado cubiertas. Leído contraportadas. Mirado a los ojos a varios autores. Les he preguntado por sus intenciones. Me he interrogado a mi misma. He acabado buceando entre mis gustos, mis apetencias, el momento, mis ganas.
Y me he ido con con los brazos llenos y el corazón un poquito más alegre. Con unos cuantos libros en prestamos y un carnet que dice que puedo volver cuando quiera. Que debo volver antes de 15 días, más exactamente.
A donde siempre acabo volviendo, a la Biblioteca.

