viernes por la noche
me acerco a la tienda de ultramarinos de mi barrio, casi de la familia. atravieso las terrazas a rebosar de gente, el parque que, aunque es tarde, todavía está lleno de niños. mi idea: comprar unas birras para mojar la pizza que están a punto de subir a mi casa
en el mostrador, la hija de la dependienta trastea con el mando de una pequeña tele.
en su camiseta puedo leer never kiss and tell.
me mira y, tras la sonrisa de rigor -marca de la casa- pregunta (o afirma) en su perfecto castellano: los virnes por la tarde no echan nada en la tele ¿no?
niego con la cabeza, contesto que es un asco
y ella me lo confirma, entre triste y resignada
pago y salgo camino a mi casa, hacia unas cuantas risas, una peli y la super pizza barbacoa
pensando que es muy injusto seas o no inmigrante, tener 20 años y no quedarte más remedio que currar hasta las doce un viernes noche
en el mostrador, la hija de la dependienta trastea con el mando de una pequeña tele.
en su camiseta puedo leer never kiss and tell.
me mira y, tras la sonrisa de rigor -marca de la casa- pregunta (o afirma) en su perfecto castellano: los virnes por la tarde no echan nada en la tele ¿no?
niego con la cabeza, contesto que es un asco
y ella me lo confirma, entre triste y resignada
pago y salgo camino a mi casa, hacia unas cuantas risas, una peli y la super pizza barbacoa
pensando que es muy injusto seas o no inmigrante, tener 20 años y no quedarte más remedio que currar hasta las doce un viernes noche

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