3/16/2006

camino

La noche cae sobre vallecas. Una luna perezosa, ocultándose tras un velo de niebla, muestra el camino. Entre las sombras, vagan mis pasos. Sin rumbo. Quizá sin sentido. Pero sí, con alegría. Una alegría que a veces ni yo misma entiendo. Pero que a veces contemplo, trenzada... entre las vías del tren.

¿hogar? No. Yo no tengo hogar. Mi casa es cada rincón de mi vida. Cada una de mis penas. Cada una de mis alegrías. Cada pensamiento. Cada lágrima. Cada broma. Cada uno de mis días. Cada paso en el camino. Cada salto. Cada caída.

Y no, no me entiendo…ni quizá quiera entenderme. Tampoco entiendo el mundo que me rodea. Pero, eso, sí… eso… me da lo mismo. Y lo otro también. Mi mundo por una ilusión. Mi vida por una sonrisa. Mi reino, que es lo único que no tengo, por un beso, por una caricia. Por mil noches en vela. Por un rincón donde se me pueda entender. Por mil sonrisas.

Rompiendo lazos que formaron toda una vida, desatándome de promesas que jamás pudieron cumplirse. Ni serán cumplidas. Y desnuda, sin razón ni armadura. Sin nada. Sin embargo, por una vez, sintiéndome dueña de todo.

No. No bastan palabras para sentir lo que pienso. Ni pensamientos para abarcar un solo latido de mi corazón. No tengo explicaciones para mi misma. Ni las quiero.

Rozando con los dedos mi propio ser. Acariciando miedos y perdiendo temores. Saboreando mis lágrimas y ganando sonrisas. Que pueden no tener ningún sentido. Pero aun así… son mias.

Sí. Así vuelvo a casa.

Esta noche de luna perezosa.

aunque algún día escaparé lejos. Y quizá entonces no me encuentre nadie. Ni yo misma.