equilibrios... y desequilibrios
Hay momentos en la vida en los que, por una cosa o por otra (o por muchas, o por todas) la vida entra en estado de alerta roja y de repente todo se va al suelo.
Casi sin avisar.
Y te quedas de pié, ahí, en el medio de todas esas ruinas; intentando simplemente encontrar el siguiente lugar donde apoyar el pie, buscando una dirección por la que empezar a caminar. Buscando… algo que hacer sin tocar otro punto sensible, sin provocar más terremotos. Sin romper nada.
Y tienes dos alternativas. Quedarte ahí parada, paralizada, pensando… en nada. O echar a correr hacia donde sea sin importar lo que puedas destrozar a tu paso.
Bueno, probablemente quede una tercera, pero hay momentos en los que es muy complicado encontrarla.
Demasiado complicado.
Tanto, que te dan ganas de cerrar los ojos, pedir una copa tras otra y, al menos, intentar olvidarte de ti misma. Aunque eso signifique acabar perdiendo el sentido. Aunque no pueda ser. Aunque a la mañana siguiente, nadando entre lagunas, no puedas hacer otra cosa que reprochártelo. Una, otra y las veces que haga falta. No es suficiente.
Tienes que hacer algo.
Pero es complicado encontrar el camino.
Casi sin avisar.
Y te quedas de pié, ahí, en el medio de todas esas ruinas; intentando simplemente encontrar el siguiente lugar donde apoyar el pie, buscando una dirección por la que empezar a caminar. Buscando… algo que hacer sin tocar otro punto sensible, sin provocar más terremotos. Sin romper nada.
Y tienes dos alternativas. Quedarte ahí parada, paralizada, pensando… en nada. O echar a correr hacia donde sea sin importar lo que puedas destrozar a tu paso.
Bueno, probablemente quede una tercera, pero hay momentos en los que es muy complicado encontrarla.
Demasiado complicado.
Tanto, que te dan ganas de cerrar los ojos, pedir una copa tras otra y, al menos, intentar olvidarte de ti misma. Aunque eso signifique acabar perdiendo el sentido. Aunque no pueda ser. Aunque a la mañana siguiente, nadando entre lagunas, no puedas hacer otra cosa que reprochártelo. Una, otra y las veces que haga falta. No es suficiente.
Tienes que hacer algo.
Pero es complicado encontrar el camino.

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