Recuerdos de navidad
Recuerdo que hubo un tiempo en el que me gustaba la navidad. Recuerdo que lo hubo, pero no consigo recordar cuándo se esfumó.
Recuerdo un árbol de navidad que era un limonero. Y mi madre con su empeño de escondernos los juguetes para jugar, un año más, a que los reyes magos se habían olvidado de nosotros. Recuerdo que los buscábamos por toda la casa aunque ya sabíamos que no existían. Recuerdo la sonrisa infantil, y la alegría, y la felicidad… al descubrir nuestros regalos, quizá en la cocina, quizá en el patio trasero, quizá debajo de la cama o incluso en el cuarto de baño. Recuerdo las noches en las que no podía dormir por los nervios y esos concilios de madrugada “¿nos levantamos ya?”.
Recuerdo las vengalas de mi madre tras sonar las campanadas, el olor a mar y las pizzas como cena de nochevieja.
Recuerdo cuando me enfadé porque mi regalo era un cachivache sin sentido: un móvil. También recuerdo los sacos de escayola de obra y un patinete de segunda o tercera mano, los mejores regalos de navidad que puede haber.
Recuerdo comprar los regalos para mis padres en los veinte duros, arrascando de nuestros ahorros para poder comprar una figurita barata que nos parecía el mayor tesoro del mundo.
Lo que no recuerdo es cuando comencé a hacerme mayor.
Recuerdo un árbol de navidad que era un limonero. Y mi madre con su empeño de escondernos los juguetes para jugar, un año más, a que los reyes magos se habían olvidado de nosotros. Recuerdo que los buscábamos por toda la casa aunque ya sabíamos que no existían. Recuerdo la sonrisa infantil, y la alegría, y la felicidad… al descubrir nuestros regalos, quizá en la cocina, quizá en el patio trasero, quizá debajo de la cama o incluso en el cuarto de baño. Recuerdo las noches en las que no podía dormir por los nervios y esos concilios de madrugada “¿nos levantamos ya?”.
Recuerdo las vengalas de mi madre tras sonar las campanadas, el olor a mar y las pizzas como cena de nochevieja.
Recuerdo cuando me enfadé porque mi regalo era un cachivache sin sentido: un móvil. También recuerdo los sacos de escayola de obra y un patinete de segunda o tercera mano, los mejores regalos de navidad que puede haber.
Recuerdo comprar los regalos para mis padres en los veinte duros, arrascando de nuestros ahorros para poder comprar una figurita barata que nos parecía el mayor tesoro del mundo.
Lo que no recuerdo es cuando comencé a hacerme mayor.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home